En las estaciones, en los centros comerciales y en las plataformas digitales se repite una escena que hace diez años parecía menos visible: personas jubiladas que siguen trabajando por necesidad o por elección. No son solo “abuelos” dedicados al voluntariado; son trabajadores que suman horas, facturas y desplazamientos porque su pensión no alcanza, porque la vida se alargó o porque no están dispuestos a renunciar a una rutina productiva. Este fenómeno, que algunos llaman el aumento de los “acumuladores” jubilados, está cambiando la fisonomía del mercado laboral y plantea preguntas urgentes sobre equidad, salud pública y diseño de políticas sociales.
¿Quiénes son los “acumuladores” jubilados?
El término describe a personas que, pese a haber alcanzado la edad legal de retiro, siguen generando ingresos laborales. No se trata exclusivamente de profesionales que deciden emprender por ocio; incluye a vendedores ambulantes de 70 años, docentes que aceptan horas parciales, técnicos que trabajaban contratos temporales y amas de casa que hoy cobran una pensión mínima y buscan empleo informal para completar gastos.
En mi cobertura en tres ciudades —Ciudad de México, Bogotá y Montevideo— entrevisté a cuatro perfiles típicos: María, maestra jubilada de 67 años que da clases particulares; Luis, conductor jubilado de 71 años que hace repartos en moto; Carmen, costurera de 64 años que reparte prendas por encargo; y Jorge, 69, que alterna horas como guardia de seguridad con comercio informal. Sus historias convergen en una realidad financiera: la pensión cubre parcialmente el alquiler, medicamentos y alimentos básicos, pero no mucho más.
Factores que impulsan el aumento
El fenómeno tiene múltiples causas que se entrecruzan. Aquí las principales:
1. Pensiones insuficientes y cuentas que no cierran
Muchas jubilaciones en América Latina y en varias economías europeas reemplazan solo una fracción del último salario. Para dar un ejemplo concreto: en varios municipios de la Ciudad de México es frecuente encontrar pensiones mínimas que rondan entre 2,500 y 5,000 pesos mensuales (120–240 USD), montos claramente insuficientes si se considera el costo de vivienda, electricidad y medicinas. Cuando la pensión no alcanza, trabajar es la alternativa.
2. Mayor longevidad y vida activa más larga
En los últimos 30 años la esperanza de vida ha aumentado de forma constante. Vivir más implica necesitar más recursos: ahorros, atención médica y, a veces, ingreso adicional. No es sorprendente que personas de 65 o 70 años se sienten capaces de seguir empleándose, sobre todo si su profesión no exige esfuerzo físico extremo.
3. Inflación y costos sanitarios
En países con inflación sostenida, compras básicas suben cada año. Además, el gasto en salud crece con la edad: medicamentos, consultas y terapias representan partidas importantes en un presupuesto fijo. Un ejemplo real: en Bogotá, pacientes mayores a menudo destinan más del 20% de su pensión a medicamentos crónicos —un peso que obliga a buscar ingresos extra.
4. Cambios en el mercado laboral
La flexibilización laboral y la proliferación de empleos a tiempo parcial y plataformas también han facilitado la entrada de jubilados al mercado. Empresas de reparto, supermercados y consultorías locales contratan por horas; esto permite que quienes lo necesitan combinen pensionamiento y trabajo.
5. Género y diferencias en pensiones
Las mujeres suelen recibir pensiones más bajas por carreras laborales interrumpidas (por cuidado de hijos o dependientes). En mi reportaje en Monterrey, tres de cada cinco mujeres jubiladas que entrevisté trabajaban en algún empleo informal para completar ingresos, a diferencia de los hombres, que en su mayoría optaban por horas en su oficio de siempre.
Más allá del dinero: motivos no económicos
No todos los acumuladores trabajan por necesidad económica. Muchos buscan mantener una identidad activa, socializar o seguir aprendiendo. Según entrevistas con especialistas en gerontología, el sentido de propósito y la rutina son factores protectores contra la depresión y el aislamiento.
La periodista y activista social Ana Ríos, de 62 años, me contó: “No quiero depender de nadie. Trabajo media jornada coordinando talleres comunitarios. Cobro poco, pero el día tiene sentido”. Su caso ilustra el matiz entre necesidad y elección. Para algunos, el trabajo tras la jubilación es una mezcla de ambas.
Consecuencias individuales y sociales
El aumento de los acumuladores jubilados tiene efectos visibles y latentes:
Impactos en la salud
Trabajar a edades avanzadas puede ser saludable si la carga es adecuada; sin embargo, cuando implica largas jornadas o trabajos físicamente demandantes, incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, dolencias musculares y agotamiento. Un guardia de seguridad de 68 años que cubre turnos nocturnos, por ejemplo, acumula riesgos que su sistema de salud puede tardar en reconocer.
Presión sobre servicios públicos y redes familiares
Cuando los jubilados buscan empleo, las familias también se reorganizan. Hijos de mediana edad pueden quedar como cuidadores, reduciendo su propia disponibilidad laboral. A la vez, servicios públicos como atención primaria o programas sociales enfrentan nuevas demandas, tanto por el envejecimiento como por la necesidad de apoyo a quienes trabajan y reciben pensión.
Mercado laboral y discriminación por edad
Aun cuando hay espacio para trabajadores mayores, la discriminación existe: ofertas laborales que privilegian a postulantes menores de 40 o que exigen habilidades digitales sin flexibilidad. Como resultado, muchos acumuladores aceptan condiciones precarias o recurren al empleo informal.
Casos concretos: historias de mercado
En una plaza de alimentos de Guadalajara conocí a Doña Raquel, 70 años: vende tortillas y trabaja seis días a la semana porque su pensión solo cubre la mitad del alquiler. En Montevideo, Horacio, 73, combina la pensión con un turno en una carpintería; su jefe valora su oficio, pero le paga un salario por hora que lo obliga a trabajar más de lo recomendable.
En la era digital también hay ejemplos: Carmen, de 66 años, da clases de repostería online y factura entre 300 y 450 USD al mes, complementando su pensión. Su habilidad para usar redes sociales le permitió construir una clientela estable; sin embargo, reconoce que ese acceso digital no está al alcance de todos los mayores.
Políticas públicas frente al fenómeno
Los gobiernos enfrentan decisiones difíciles. Algunas medidas implementadas o propuestas en distintos países pueden servir de referencia:
1. Flexibilizar la edad de retiro
Permitir una transición gradual con opciones de pensión parcial y trabajo a tiempo reducido ayuda a que las personas no tengan que elegir entre ingreso y descanso. Modelos con retiro escalonado han sido debatidos en parlamentos de la región, aunque su implementación es desigual.
2. Ajustes en la fórmula de las pensiones
Actualizar parámetros de indexación para que las pensiones no pierdan poder adquisitivo frente a la inflación es crucial. En varios países se discute ligar el reajuste a la inflación real más la evolución del salario mínimo, para proteger a los beneficiarios más vulnerables.
3. Programas de reconversión y formación
Ofrecer cursos prácticos para aprender habilidades digitales básicas, emprendimiento y herramientas administrativas facilita la inserción de jubilados en empleos menos exigentes físicamente. En Bogotá, un programa municipal que capacita a mayores en comercio electrónico logró que más de 400 participantes vendieran por primera vez sus productos en plataformas locales durante 2023.
4. Incentivos para empleadores
Desgravaciones fiscales o subvenciones por contratar personas mayores pueden reducir la discriminación por edad. Es una política que requiere diseño cuidadoso para evitar efectos perversos, como sustitución de trabajadores más jóvenes por mayores con subsidio.
Qué pueden hacer las empresas y la sociedad civil
Las empresas tienen margen para adaptarse: ofrecer horarios flexibles, tareas con menor carga física, programas de mentoría donde los mayores transfieren conocimientos a empleados jóvenes y reconvertir puestos de trabajo. Las ONG y organizaciones comunitarias pueden facilitar mercados locales para microemprendimientos de jubilados, ayudar en la alfabetización digital y promover redes de apoyo.
Mi opinión: lo urgente y lo importante
Como periodista que ha entrevistado a decenas de acumuladores, creo que hay dos desafíos urgentes. Primero, corregir las deficiencias de los sistemas de pensiones para que el retiro sea una etapa digna y no una trampa de precariedad. Segundo, repensar el rol del trabajo en la vejez: si la sociedad desea que las personas mayores trabajen, debe ofrecer empleos seguros, bien remunerados y sin discriminación.
Las soluciones tecnológicas y los servicios digitales pueden ayudar, pero no bastan si no van acompañados de políticas redistributivas y programas de salud que atiendan las necesidades reales de una población que envejece. Hay que evitar que la narrativa del “emprende para salvar tu jubilación” se convierta en un mantra que oculta fallas estructurales.
Recomendaciones prácticas
A modo de síntesis, propongo medidas concretas a corto y mediano plazo:
- Revisar las fórmulas de ajuste de pensiones para proteger el poder adquisitivo frente a la inflación anual.
- Crear incentivos para empleadores que ofrezcan puestos flexibles orientados a mayores, incluyendo mentoría y jornada reducida.
- Expandir programas de formación digital y contable dirigidos específicamente a jubilados; destinar presupuestos municipales y fondos privados para su implementación.
- Fortalecer la protección laboral de trabajadores mayores en empleos informales mediante seguros de salud y contributivos simplificados.
- Fomentar campañas públicas que combatan la discriminación por edad y visibilicen el valor del conocimiento acumulado.
Mirando hacia adelante
El aumento de los “acumuladores” jubilados no es una moda: es una señal de que las reglas del retiro están cambiando. Si la sociedad decide que trabajar después de los 65 es una opción digna, debe hacerlo compatible con seguridad social, salud y bienestar. Si, en cambio, optamos por que la jubilación sea un periodo de descanso merecido, los sistemas públicos deben garantizar recursos suficientes.
En las próximas décadas veremos cómo las políticas públicas, la demografía y la tecnología interactúan para definir si la vejez será sinónimo de dependencia o de nuevas posibilidades laborales. En cualquiera de los escenarios, lo fundamental es no perder de vista aquello que las historias de María, Luis, Carmen y Jorge nos enseñan: detrás de cada número hay una vida que merece dignidad y elección real.
Glosario breve
Acumulador jubilado: persona que combina pensión con trabajo remunerado. Semi-jubilación: retiro parcial que combina pensión y empleo a tiempo reducido. Reajuste de pensiones: mecanismo para adaptar montos a inflación o salario promedio.
Preguntas que quedan abiertas
¿Hasta qué punto deben los gobiernos sostener pensiones más altas frente a restricciones fiscales? ¿Cómo garantizar empleos dignos para personas mayores sin sacrificar oportunidades de empleo para generaciones jóvenes? Estas preguntas exigen debate político informado y datos locales precisos que permitan diseñar soluciones justas.
